Una gran y bonita reflexiónRecuerdo los primeros días en que mi realidad cambió drásticamente y me adentraba a un mundo donde mis herramientas para hacer vida deberían ser sustituidas por otras desconocidas y por momentos chocantes y frías. Visualizaba mi futuro como un túnel muy oscuro, el cual no tenía fin y que ni siquiera me atrevería a cruzar. Siempre estaría la extraña esperanza dibujada en el rostro de un engaño, que sin querer ser dañino, no ayudaba en nada. Comenzaba mi búsqueda a la “cura” de mi “mal”. Pero lo que tardé en aprender fue que esa “cura” no necesariamente era el volver a las filas de aquellos que se mueven de manera vertical, no era tan simple, es más, muchos de esos verticales realmente estaban enfermos y los aquejaban muchos males sin darse siquiera por enterados. La lucha comenzó a recoger sus frutos cuando me di cuenta que volvía a moverme por las mismas calles de antes, visitaba los mismos rincones, era el mismo ser humano, ahora ayudado por unas ruedas para movilizarme, pero en esencia, era el mismo loco de siempre. Esa “cura” existe en mi vida y la he podido presenciar cuando volví a mi salón de bachillerato luego de estar en cama, cuando me gradúe en la Universidad, cuando me uní a una mujer maravillosa, cuando tengo la oportunidad de compartir lo que vivo y siento con tantos que lo necesitan. Realmente estoy curado, vivir la vida definitivamente es la mejor medicina a cualquier mal.
Marcelino Juárez
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